lunes, 21 de marzo de 2016

El fin de la espectadora fiel



Soy una fiel espectadora de la Semana Santa zamorana desde que puedo recordar: ESPECTADORA en mayúsculas debido a que durante muchos años he asistido como tal a todos y cada uno de los desfiles, incluidos aquellos que solo desfilaban hombres. ESPECTADORA porque había una barrera, que no podía cruzar. ESPECTADORA porque primero la Iglesia (con sus obispos y curas incluidos), decidió que la mujer era un cuerpo de pecado. ESPECTADORA porque la sociedad decidió apartar a las mujeres, que las quería solo como beatas, sumisas y seguidoras de su manada. ESPECTADORA porque no podía elegir libremente en que desfile podía procesionar. Cuando preguntas de pequeña por qué tú no puedes salir en tal o cual desfile, la respuesta que te dan es: «eres mujer», pero la respuesta que tiene la sociedad en su mente es «serás mujer, te saldrán dos tetas en el pecho, te pintarás los labios y las uñas, y corromperás la Semana Santa al igual que en el paraíso provocaste que Adán mordiera la manzana». ESPECTADORA, que después de los últimos acontecimientos no piensa ir a humillarse y ver cómo los nazarenos pasean su orgullo, y reparten una almendra a la jovencita más guapa o a la más tetona. ESPECTADORA, que después de la desaparición de la Sección de Damas, piensa: esta Semana Santa muere como Jesucristo, pero con una diferencia, Jesucristo resucitó. 

Publicado en La opinión de Zamora.