Soy una fiel espectadora de la Semana Santa zamorana desde que puedo
recordar: ESPECTADORA en mayúsculas debido a que durante muchos años he
asistido como tal a todos y cada uno de los desfiles, incluidos aquellos
que solo desfilaban hombres. ESPECTADORA porque había una barrera, que
no podía cruzar. ESPECTADORA porque primero la Iglesia (con sus obispos y
curas incluidos), decidió que la mujer era un cuerpo de pecado. ESPECTADORA porque la sociedad decidió apartar a las mujeres, que las
quería solo como beatas, sumisas y seguidoras de su manada. ESPECTADORA
porque no podía elegir libremente en que desfile podía procesionar.
Cuando preguntas de pequeña por qué tú no puedes salir en tal o cual
desfile, la respuesta que te dan es: «eres mujer», pero la respuesta que
tiene la sociedad en su mente es «serás mujer, te saldrán dos tetas en
el pecho, te pintarás los labios y las uñas, y corromperás la Semana
Santa al igual que en el paraíso provocaste que Adán mordiera la
manzana». ESPECTADORA, que después de los últimos acontecimientos no
piensa ir a humillarse y ver cómo los nazarenos pasean su orgullo, y
reparten una almendra a la jovencita más guapa o a la más tetona. ESPECTADORA, que después de la desaparición de la Sección de Damas,
piensa: esta Semana Santa muere como Jesucristo, pero con una
diferencia, Jesucristo resucitó.
Publicado en La opinión de Zamora.
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